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La Coctelera

vigarpita

Reflexiones y relatos

3 Diciembre 2011

La soprano ensimismada

(Dedico este relato a los miembros del Cor Carnevale, de Burriana, y a mi hija Déborah que los oye cantar embelesada).

El correo que tenía en pantalla era tan halagador que decidió reenviarlo a todos los miembros de la coral y llamar al director para compartir la euforia, pero no hizo ni lo uno ni lo otro. El consejo rector de la Schola Stonata florentina invitaba al Cor Carnevale a participar en el concierto que diez corales de todo el mundo iban a dar en la Piazza della Signoria para recordar en llanto el medio milenio transcurrido desde que el fuego inquisidor de Savonarola redujera a cenizas la obra completa -madrigales, sobre todo, pero también misas y motetes- del músico toscano Rosselino Rosselini, del que no quedó ni una nota para el recuerdo sino sólo la memoria de su genio creador de catedrales de viento, como los musicólogos definieron su desconocido legado.

A nadie podía halagar aquella invitación más que a ella, Carmina Buriana, -lo primero porque su nombre era Carmen, lo segundo por alusión gentilicia y el todo por lo mucho que le gustaba la cantata orffiana- puesto que ella era el alma de la coral. Si no cantaba en ella era porque no había en el repertorio piezas para su voz, pero se encargaba de las relaciones con otras corales y con la prensa. Como decenas de músicos antes que ella, estaba entusiasmada con la imaginaria obra polifónica del gran Rosselini y algún día plasmaría en el pentagrama, a modo de aproximación a la obra del florentino, una psicofonía que había oído en una reunión con videntes y médiums.

El Cor Carnevale, que era una sociedad cultural con ánimo de lucro pero sin empeño en conseguirlo, aceptaría sin duda la invitación. Tres meses serían suficientes para preparar el concierto y organizar el viaje, pero no había tiempo que perder.

Carmina se puso a trabajar sin dilación. No sería difícil encontrar tiempo para los ensayos porque la coral se hallaba inmersa en la preparación de los conciertos navideños que tenía contratados y alguno de los villancicos del repertorio serviría para la cita florentina. O habría que ensayar más horas. Ella hablaría con el director y estaba segura de que los miembros del coro harían con gusto cualquier sacrificio que se les pidiera con tal de alcanzar la gloria.

El mayor obstáculo a salvar iba a ser técnico. En el Cor Carnevale no había soprano capaz de interpretar la voz solista de la pieza, cualquiera que fuera ésta, a cantar en el monumental escenario de La Signoria. Si acaso ella, por una vez y no más, santo Tomás, podría echarles una mano, pero eso le daría un protagonismo que no buscaba y le restaría tiempo para atender a la prensa como debía. Mejor sería que tratara de localizar a su amiga la hippy, que cantaba a capela en galerías de Metro, en pasajes comerciales o en calles peatonales bajo la lluvia, según le conviniera. Recordaba con escalofríos de emoción su figura espiritada y su bella voz, pero no sabía dónde estaría trabajando ahora. Lo averiguaría y conseguiría que se uniera a ellos para subirse al carro de la fama.

Los ensayos prenavideños se desarrollaban con normalidad y nadie en la coral sabía nada de los planes de Carmina, que no es frecuente saber lo que pasa por la cabeza de alguien aunque ese alguien sea tu vecino o tu compañero o ambas cosas a la vez, y eso y más era Carmina para todos. Siempre dispuesta a ayudar aunque nadie la necesitara, Carmina era la persona más importante del grupo porque así lo sentían sus compañeros. No podía cantar en el coro porque desafinaba con estridencia, pero ponía toda su pasión en los ensayos y actuaciones de la coral. Alguna vez habían logrado que actuara con ellos sin voz pero con voto, sin emitir sonido alguno pero moviendo los labios y gesticulando como un mimo. Nunca nadie se dio cuenta del engaño. Ni que decir tiene que Carmina figuraba en la foto oficial de la coral como soprano ensimismada.

Como todos los años, el sábado posterior a la Purísima el Cor Carnevale viajó a Valencia para actuar en la inauguración del Belén del antiguo Hospital de los Milagros, en el centro histórico de la ciudad. Era una salida apreciada porque la mecenas del Belén invitaba a cenar a la coral después del concierto, lo cual, si no de lucro, era motivo de refocilo para la tripa y de agrado para el paladar. Carmina llevaba las partituras y los billetes de tren para la vuelta en una cartera de piel que le colgaba en bandolera. Caminando por el barrio, antes de llegar a la iglesia, escenario de la actuación, oyeron una bella voz de soprano interpretando It came upon a midnight clear, una de las piezas que ellos iban a cantar en el concierto. Doblaron la esquina y la vieron junto a la pared, a resguardo del relente de la noche, menuda y frágil, manifiestamente embarazada, cantando sobre la orquesta de dos pequeños altavoces que había a sus pies. Pararon un instante sobrecogidos por la belleza del momento, con ánimo de esperar hasta el final de la interpretación. Antes de que acabara, Carmina avanzó lentamente hacia la soprano embarazada y se paró sonriente a dos metros de ella, que seguía cantando con fraseo espontáneo y rotundo. Cuando se apagó la última nota, los transeúntes aplaudieron con entusiasmo mientras Carmina abría los brazos esperando que su amiga se fundiera en un abrazo con ella. La soprano embarazada, avezada artista callejera, no se inmutó ni cuando Carmina avanzó unos pasos y le dio un beso. Estaba con la mirada fija en una caja de zapatos que había a sus pies, entre los pequeños altavoces. Algunos transeúntes se acercaron para echar una moneda. También los miembros del coro premiaron la bella actuación y, tras lanzar la moneda y felicitarla, se retiraron llevando del brazo a Carmina, que se había quedado traspuesta por el feo que le había hecho su amiga imaginaria.

El concierto en el Hospital de los Milagros la devolvió a la realidad. Una a una repartió a cada cantor su partitura y en el facistol del director, además de la suya, puso la batuta y el diapasón de horquilla. Luego, se sentó entre bambalinas y aplaudió con frenesí cada una de las obras interpretadas. Los insistentes aplausos al final del concierto les obligaron a cantar un bis, It came upon a midnight clear, naturalmente, y Carmina fue llamada a unirse a sus compañeros sin voz pero con voto. Tan tenue fue su voz y tan imponente su voto que por algunas mejillas del público rodó una lágrima espontánea igual que brotan los aplausos, los olés y los requiebros de entre las rocas.

Cenaron en hermandad y sin deterioro de su economía, se felicitaron las Navidades y brindaron por un próspero año nuevo, que brindar es ejercicio de artistas.

De vuelta a casa, Carmina leyó con tristeza el correo que tenía en la pantalla del ordenador: la Schola Stonata le comunicaba la cancelación del macroconcierto de Florencia por causas mayores. El pueblo llano había convertido el escenario frente a la fachada del Palazzo Vecchio en una enorme pira donde chisporroteaban las magras carnes del incómodo Savonarola en justo castigo por sus rarezas inquisitoriales.

Borró el mensaje y decidió no comunicárselo a sus compañeros para no desconcertarles. Sobre planes de conciertos venideros tampoco les dijo nada, no fuera que causas mayores obligaran también a suspenderlos.

 

Vicente García Pitarch. (2011). Todos los derechos reservados.

servido por vigarpita 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Toni

Toni dijo

Magnífico Vicente, como siempre. Me encanta esa atemporalidad extraña: lo mismo vamos en tren que todavía existen autos de fe. Seguro que a Deborah le encanta.

4 Diciembre 2011 | 09:21 AM

e.masip

e.masip dijo

Vicente, un placer leerte. Un beso a Déborah
Saludos y salud descarada.

9 Diciembre 2011 | 07:02 PM

e.masip

e.masip dijo

Desde el delta del Okavango te deseo lo mejor para ti y tu familia, con un abrazo especial para tu hija Déborah.

23 Diciembre 2011 | 01:15 PM

PRINCES/a

PRINCES/a dijo

Te deseo lo más lindo para el año que entra.

31 Diciembre 2011 | 09:31 PM

Mady  Jabbour

Mady Jabbour dijo

Quelle richesse de texte ! En toute humilité, j’avoue avoir recouru au dictionnaire pour me rafraîchir la mémoire au sujet de Savonarola –on ne le côtoie pas tous les jours- et pour éclaircir des termes comme pentagrama y psicofonia, villancicos, refocilo, avezada, inmuto, facistol, bambalinas, y requiebros !!!
Un véritable exercice de langue, musique et histoire ! Grâce à toi aujourd’hui je suis moins ignorante !
Continue, je crois ne pas être la seule à en avoir besoin !
Mady

7 Enero 2012 | 12:52 PM

Àbgel Fabregat i Pitarch

Àbgel Fabregat i Pitarch dijo

Vicent, quina tendresa, quina sutil bellesa, quin humor / com m'haguera agradat anar amb Déborah / i amb tu / a eixe concert preciós, al de Florència,/ o al altre que em vas dir,/ al de Borriana, on dirigia el cor el meu amic.
Gràcies per aquest text tan bell, tan tendre./ T'estimem tant, encara que no vinga / més vegades a beure l'aigua clara, / tan serena, tan suau d'aquesta font. / Una abraçada i un bes per a eixa filla que t'inspira: Un bes molt gran per a ella, Vigarpita, / amic. Cirus.

29 Enero 2012 | 08:56 AM

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